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Los dones espirituales en la Iglesia de hoy, segunda parte

Los dones de palabra

Por Douglas A. Oss

Esta parte de la serie considerará los dones “de palabra” que aparecen en 1 Corintios 12:8: la “palabra de sabiduría” (sofía) y la “palabra de ciencia” o “conocimiento” (gnosis).

Definición de los dones de palabra

Se suele definir a la palabra de sabiduría y la palabra de ciencia en dos sentidos básicos. En un sentido, se las define como dones de instrucción, y no son de naturaleza milagrosa.1 Son dones de capacidad natural usados para hablar con profundidad (sofía) sobre una situación determinada, o con una información (gnosis) obtenida por medio del estudio y la experiencia. Lo que se considera aquí es, por ejemplo, el ministerio de un maestro de Biblia al cual el Espíritu ha capacitado, y cuyas capacidades han sido consagradas al servicio de la iglesia.

En otro sentido, estos dones son de naturaleza milagrosa y se basan en una revelación especial dada por el Espíritu, y ajena a los medios ordinarios.2 Son manifestaciones espontáneas del Espíritu Santo dentro de un contexto de adoración. La palabra de sabiduría (logos sofías) capacita de manera sobrenatural a la persona para que hable con una profundidad que le ha dado Dios, o con un punto de vista divino en cuanto a la resolución de alguna situación en la iglesia. La palabra de ciencia (logos gnóseos) proporciona datos, información acerca de una situación o una persona en la iglesia, y esos datos no han sido adquiridos por medios ordinarios. Esta manera de considerarlas como revelaciones coincide en parte con el don de profecía. Además de esto, es posible que la palabra de sabiduría y la de ciencia operen en conjunto. La ciencia sola envanece (1 Corintios 8:1), pero aplicada con sabiduría, alienta.

El único lugar de las Escrituras donde se mencionan estos dones es 1 Corintios 12:8. Lo más cercano que tenemos a esto es el “espíritu de sabiduría y de inteligencia” (Isaías 11:2; Efesios 1:17). Por tanto, necesariamente, cualquier conclusión a la que lleguemos no puede ser firme. No obstante, la sabiduría que procede de Dios es una de las características más prominentes de una persona espiritual (Proverbios 4:7; 1 Corintios 2:6–16). Observe que Pablo, que es quien menciona primero los dones relacionados con la sabiduría, presenta la sabiduría que procede de Dios en un abierto contraste con la sabiduría humana (véase 1 Corintios 1:18–2:16).

El contexto bíblico parece indicar que el Espíritu manifiesta de manera espontánea los dones mencionados cuando la congregación está reunida para la adoración colectiva. Esto no elimina una función instructiva, ni tampoco desecha la existencia de una visión o información impartida de manera milagrosa que sea usada para enfrentarse con cuestiones previamente irresolubles o escondidas.3 En mi opinión, la instrucción de 1 Corintios 12 indica que lo más probable es que los dones de palabra sean imparticiones sobrenaturales de sabiduría e información para el bien común del pueblo de Dios en adoración.

Puesto que no se puede llegar a una conclusión absoluta con respecto a la naturaleza de estos dones, lo mejor es mantenerse centrado en su función  y su razón de ser más amplios. Tanto si son instructivos, así como reveladores, o ambas cosas, la manifestación del Espíritu en estos dones concuerda con lo que enseñan las Escrituras.

La contribución de los dones de palabra al ministerio

Los dones de palabra producen beneficios específicos dentro del contexto del ministerio.

Dios escoge vidas que se han sometido a Él para manifestar su poder. Dentro del contexto del ministerio, el ejercicio de los dones de palabra es plenamente eficaz sólo cuando se produce a través de ministros que mantienen una comunión íntima y correcta de oración con Él.

Cuando el Espíritu nos usa en el ejercicio de los dones de palabra, la información nos puede llegar de varias maneras diferentes:

Se debe animar al uso de las palabras de sabiduría y de ciencia en un ambiente de adoración colectiva, en especial si se puede consultar a una persona con experiencia, como protección contra un uso imprudente de los dones espirituales. Cuando se da en público una palabra, fortalece la fe y coincide con lo que el Espíritu ya está haciendo en el culto de adoración. Las palabras que vienen de Dios nunca destruyen, destrozan, derrumban, ni dejan a la congregación preguntándose de qué manera encaja esto con el resto de la situación. Aun en el caso de que una palabra se centre en el arrepentimiento, Dios no condena, sino que llama.

La recepción de los dones de palabra

Los mismos principios se aplican a la recepción de todos los dones del Espíritu.

  1. Los dones del Espíritu son distribuidos por Dios de manera soberana, y de acuerdo con su propia voluntad (1 Corintios 12:11).
  2. Se nos exhorta a buscar y desear los dones espirituales (1 Corintios 12:31; 14:1) con una motivación correcta, de manera que Dios pueda ser glorificado por medio de nosotros, y su iglesia cobre ánimo.
  3. Solamente Dios da dones. Sin embargo, lo puede hacer por medio de la imposición de manos por parte de una persona o personas ungidas (1 Timoteo 4:14; 2 Timoteo 1:6).
  4. Cuando nos limitemos a confiar en Dios y entregarnos al ministerio, podremos recibir los dones que necesitemos para la tarea que debemos realizar, aunque ese don actúe en nosotros de manera temporal.

Hay un misterio divino con respecto a aquellos que Dios escoge para ungirlos en un ministerio determinado. El principio más importante de todos los que debemos recordar al recibir los dones espirituales es este: Dejemos de lado todas las cosas que tienen que ver con nosotros mismos para someternos en obediencia al Señor Jesucristo. Sólo entonces Dios podrá hacer a través de nosotros todo lo que Él quiere hacer.

Conclusión

Hemos observado cómo funcionan los dones de palabra en ambientes tanto privados como públicos, y cómo se pueden ejercer de manera eficaz en ambos tipos de ambiente. Anime a las personas en el uso de esos dones, y pastoree a las personas que los tienen con el tacto de un buen pastor. Las palabras de sabiduría y de ciencia edificarán a la congregación con una fe y un testimonio cada vez mayores.

Douglas A. Oss, Ph.D., es profesor del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri.

Notas

1. Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1994) pp. 1080–1088.

2. Donald Gee, Concerning Spiritual Gifts, edición revisada (Springfield, MO: Gospel Publishing House, 1972) p. 30; David Pytches, Spiritual Gifts in the Local Church (Minneapolis, MN: Bethany House, 1985) pp. 92–108.

3. Grudem, pp. 1081ss.; Pytches, pp. 92–108.

4. Pytches, pp. 96–97.

5. Gee, pp. 31–41; Pytches, pp. 106–107.

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