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Promesa del Espíritu

Por Anthony D. Palma

Los acontecimientos del día de Pentecostés según se registran en Hechos 2 fueron el clímax de una promesa que Dios había hecho siglos antes - que la institución del nuevo pacto fue también el comienzo de la era del Espíritu.

Dios prometió por medio del profeta Ezequiel: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y             quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (36:26,27).

También prometió por medio de Joel: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días" (2:28,29).

Según estas profecías, la venida del Espíritu Santo de un modo inusual anunció el amanecer de la nueva era prometida por Dios. Durante cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo, Israel había estado sin una voz profética significativa. Para todos los propósitos prácticos, no había una actividad notable del Espíritu Santo en el pueblo de Dios.

Pero esta situación cambia en forma dramática cuando llegamos a las páginas de inicio del Nuevo Testamento. Aun cuando el Hijo de Dios pudo haber venido a este mundo en una diversidad de maneras, Dios dispuso que fuera por medio de la actividad del Espíritu Santo sobre la virgen María (Mateo 1:18,20; Lucas 1:35). ¡El Espíritu Santo estaba de nuevo activo entre el pueblo de Dios! En un sentido, la concepción virginal de Jesús por el Espíritu Santo fue una señal de que el nuevo pacto estaba siendo inaugurado.

También es significativo que el Espíritu Santo estuviese activo antes y después mismo del nacimiento de Jesús. Juan el Bautista fue lleno del Espíritu desde el vientre de su madre (Lucas 1:15,41); el Espíritu Santo vino también sobre Zacarías (Lucas 1:67) y sobre Simeón (Lucas 2:25-27). Lucas también menciona que Ana era una profetiza (Lucas 2:36). La nueva era - la era del Espíritu - ¡estaba siendo inaugurada!

La inauguración no estuvo completa sino hasta el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés. Pero entre el nacimiento de Jesús y el descenso del Espíritu sobre los discípulos, el Espíritu Santo estuvo verdaderamente activo en el ministerio de Jesús, comenzando con su bautismo por Juan en el río Jordán (Mateo 3:16). Este descenso del Espíritu sobre Jesús, junto con la actividad del Espíritu a través de Él por medio de su ministerio terrenal (Lucas 4:18,19; Hechos 2:38,39), sirve como un paradigma para todos los creyentes a los cuales Dios en el Antiguo Testamento prometió la morada interior y la capacitación de poder del Espíritu Santo.

Para volver a las profecías de Ezequiel y Joel: la promesa dada por medio de Ezequiel es que todo el pueblo de Dios del nuevo pacto experimentará la morada interna del Espíritu Santo. Recibirán un nuevo corazón y un nuevo espíritu; por causa de la morada interna del Espíritu Santo podrán andar en rectitud.

La promesa dada por medio de Joel es de distinta naturaleza. En la profecía de Joel, el derramamiento del Espíritu Santo es de naturaleza dramática, por la cual los receptores profetizarán, tendrán sueños, y verán visiones. La profecía de Joel es similar al deseo expresado por Moisés, de que "ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos" (Números 11:29).

La venida del Espíritu Santo significaba el amanecer de la nueva era. Pero las profecías distinguían claramente dos obras del Espíritu Santo - morada interna y dotación de poder. Los teólogos bíblicos se refieren con frecuencia a éstas como los aspectos animístico y dinámico de la obra del Espíritu. El primero se relaciona con la regeneración y la consiguiente morada interna del Espíritu Santo. El último se refiere a la dotación de poder, que con frecuencia se manifiesta por medio de algún fenómeno desacostumbrado.

Una diferencia significativa entre las experiencias del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es que las personas en el Antiguo Testamento no parecen haber recibido una morada permanente del Espíritu Santo. Aún más, comparativamente el Espíritu Santo fue dado a unos pocos, y por lo general para profetizar.

En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo es dado a todos los creyentes. Efectivamente, es imposible ser un creyente del Nuevo Testamento sin contar con la morada interna del Espíritu Santo (Romanos 8:9,14-16). Además, todos los creyentes del Nuevo Testamento pueden ser dotados de poder por el Espíritu Santo (Hechos 1:8).

La voluntad de Dios fue que todos los creyentes experimentaran tanto la morada interna como la dotación de poder del Espíritu Santo. Parece que fue la intención de Dios que estas dos operaciones del Espíritu fueran distintos aspectos de la obra única del Espíritu en conexión con el nuevo pacto.

Efectivamente, el Nuevo Testamento parece indicar que una persona puede experimentar ambas obras del Espíritu casi simultáneamente, como sucedió con la casa de Cornelio (Hechos 10:44-46). Es difícil determinar el punto preciso en el cual estas personas fueron regeneradas. Parece que en medio de la predicación de Pedro ellos creyeron y fueron llenos del Espíritu Santo.

Estas dos experiencias, aun cuando pueden distinguirse teológicamente, no están necesariamente separadas en forma cronológica. No hay garantía bíblica para enseñar que debe existir un intervalo entre la regeneración y el ser lleno del Espíritu Santo. Pero también es cierto que muchos cristianos han experimentado sólo la obra básica del Espíritu Santo - la de regeneración - por medio de la cual el Espíritu de Dios habita en ellos (Juan 14:17).

Esta terminología para la segunda obra del Espíritu Santo es variada. Los pentecostales por lo general designan esto como el bautismo en el Espíritu Santo. Cuando hacen esto están sobre terreno firme, bíblicamente. Además de la declaración de Juan el Bautista (Mateo 3:11), Jesús dijo   a los discípulos: "Seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días" (Hechos 1:5).

Sin embargo, cuando Lucas registra el cumplimiento de esa promesa en Hechos 2:4, dice: "Fueron todos llenos del Espíritu Santo". Esta experiencia inicial de ser "llenos" del Espíritu Santo es, por tanto, sinónima de ser "bautizados" en el Espíritu Santo.

En otros lugares cuando Él habla de esta experiencia, Lucas dice que el Espíritu viene o cae sobre la gente (Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15; 19:6). A veces él habla del derramamiento del Espíritu o del Espíritu que es derramado (2:17,18; 10:45).

Como quiera que uno designe esta segunda experiencia del Espíritu, nunca debiera interpretarse como que significa que el receptor con anterioridad a ese momento no tenía la morada del Espíritu. ¡Un creyente sin el Espíritu Santo es una contradicción de términos! Pero es posible que un creyente no experimente la obra adicional del Espíritu Santo denominada el bautismo en el Espíritu.

Los diversos términos usados para la experiencia del bautismo en el Espíritu no debieran presionarse literalmente. Son simples intentos por parte de los escritores bíblicos para ayudarnos a entender mejor el significado de la experiencia. Expresiones como "bautizado", "lleno", y "revestido" ponen énfasis en que el creyente está enteramente dominado o gobernado por el Espíritu Santo. Entre otras cosas, la obra del Espíritu Santo que ya es un morador, se intensifica y llega a una culminación por la experiencia de ser lleno con el Espíritu Santo.

El derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés está asociado con la profecía de Joel (Hechos 2:16-21). Tal como en el Antiguo Testamento, la venida del Espíritu sobre los hombres y mujeres resultó en que profetizaban, tal como Joel había declarado que el derramamiento del Espíritu sobre toda carne resultaría en profecía.

Joel mencionó también otras indicaciones de la venida del Espíritu, las que parecen no haberse cumplido en el día de Pentecostés. Sin embargo, Pedro recalcó el elemento de profecía, porque añadiendo a la cita del pasaje de Joel, él también insertó palabras, "y profetizarán", en medio de la cita de Joel (Hechos 2:18). En otras palabras, Pedro estaba dando énfasis a que la profecía acompañaría al derramamiento del Espíritu Santo.

Pero, ¿profetizaron los discípulos el día de Pentecostés? Lucas nos dice que hablaron en lenguas (Hechos 2:4). Con anterioridad al día de Pentecostés, no hay registro de que alguien haya hablado en lenguas bajo el impulso del Espíritu Santo. ¿Cómo relacionamos el hablar en lenguas con la profecía? Esto no es difícil si recordamos que la profecía es hablar bajo el impulso directo del Espíritu Santo. Esto es precisamente la naturaleza del hablar en lenguas - es hablar bajo el impulso del Espíritu Santo, o como lo expresa Lucas, "como el Espíritu les daba que hablasen" (Hechos 2:4). La diferencia obvia entre profecía y hablar en lenguas es que la profecía es en un lenguaje bajo el control de quien habla, mientras que el hablar en lenguas es en una lengua desconocida para el que habla. Hablar en lenguas es, en consecuencia, una forma especializada de profecía.

Esta experiencia de ser bautizado en el Espíritu está acompañada por hablar en lenguas, o glosolalia. Hay muchos argumentos a favor de esta posición, la que ha sido presentada adecuadamente por escritores pentecostales. Nuestro propósito quedará satisfecho con la consideración de sólo dos pasajes.

En Hechos 2:4, el sujeto es "todos" (griego pantes ). Un sencillo análisis gramatical muestra que ese único sujeto se aplica a ambas cláusulas principales, de modo que la clara intención es que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que todos comenzaron a hablar en otras lenguas. Lucas tenía a disposición los medios lingüísticos por medio de los cuales pudo haber dicho que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que algunos hablaron en lenguas, si ése hubiera sido el caso. Pero es claro que todos fueron llenos y que todos hablaron en lenguas.

En Hechos 10, se nos dice que el Espíritu Santo "cayó sobre todos los que oían el discurso" (versículo 44). Los creyentes compañeros de Pedro, que estaban atónitos de que los gentiles recibieran el bautismo del Espíritu Santo, supieron que el derramamiento había tenido lugar sólo porque "los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios" (versículo 46). El versículo 46 es introducido por la palabra griega gar, que es una conjunción causativa que a menudo se traduce "porque" o "por". El hablar en lenguas convenció a estos hombres de que Cornelio y los de su casa verdaderamente habían sido llenos del Espíritu Santo. La evidencia en Hechos indica ciertamente que la glosolalia es un acompañamiento necesario del bautismo en el Espíritu Santo.

Con frecuencia surge la pregunta: "¿Por qué lenguas?" En forma natural se ofrece una triple respuesta.

Primero, es definitivamente una señal de la nueva era inaugurada por Dios. Esto resulta claro cuando leemos la profecía de Joel a la luz de Hechos 2. En un sentido personal, el hablar en lenguas significa también la entrada del creyente a la nueva era, si recordamos que la morada interna y la dotación de poder del Espíritu Santo son realmente dos aspectos de la obra única del Espíritu en la nueva era.

Segundo, el hablar en lenguas sugiere firmemente la responsabilidad misionera de la Iglesia. La comunicación del evangelio debe ser verbal. En consecuencia, la multiplicidad de lenguas en el día de Pentecostés sugiere la responsabilidad evangelística mundial de la Iglesia (Hechos 1:8). Esto, ciertamente, no significa que el creyente tiene el dominio de un idioma extraño con el cual predicar el evangelio. Significa simplemente que la variedad de lenguas que los creyentes hablan cuando están llenos del Espíritu es un recordatorio implícito de la tarea misionera de la Iglesia.

Tercero, hablar en lenguas es un medio por el cual el creyente se identifica espiritualmente (1 Corintios 14:4). De todas las manifestaciones o dones del Espíritu mencionados en el Nuevo Testamento, sólo en conexión con la glosolalia se dice que la persona se edifica a sí misma. Todas las otras manifestaciones o dones son para la edificación de la Iglesia. Parece que Dios no retendría de alguno de sus hijos algún medio por el cual pudiera ser edificado espiritualmente.

Esto no contradice la necesaria respuesta negativa a la pregunta de Pablo, "¿hablan todos lenguas?" (1 Corintios 12:30). En 1 Corintios 12-14, Pablo está dando énfasis a los aspectos público y corporativo de los dones. No todos hablan lenguas en el sentido en que no todos son llamados por Dios a dar expresiones públicas en lenguas, lo cual debe ser seguido de interpretación. Pero el ejercicio privado de la glosolalia es un asunto distinto.

Hay dos experiencias identificables del Espíritu - regeneración y plenitud. Ambas están incluidas en la promesa del Espíritu en el Antiguo Testamento. Cada una complementa a la otra. En la regeneración, el énfasis está sobre el cambio de corazón y de vida. En el bautismo en el Espíritu, el énfasis está en la dotación de poder para servicio. Todos los creyentes experimentan la obra regeneradora del Espíritu; todos debieran experimentar su dotación de poder.

Anthony D. Palma, Th.D., enseñó durante 31 años,   en el Seminario Teológico de Las Asambleas de Dios, en el Colegio Bíblico Indo Americano, en el Colegio Bíblico Central, Evangel College, Southeastern College, y en Valley Forge Christian College.

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