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Las lenguas: su esencia, razones de ser y uso (Parte 3)

Esta tercera entrega en una serie que consta de cuatro partes examina lo que escribe Pablo acerca de las lenguas y da orientaciones prácticas tomadas de 1 Corintios 14:13-40 para su uso en las reuniones públicas.

Por GEORGE M. FLATTERY

En esta serie de artículos tengo el propósito de estudiar la esencia, los propósitos y los usos de las lenguas. Una de las cosas que el movimiento pentecostal entendió muy pronto fue que las lenguas de Hechos 2:4 y el don de lenguas de 1 Corintios 12:4–10, 28 son los mismos en esencia, aunque diferentes en cuanto a propósito y uso. Entre los interrogantes que surgen acerca de los propósitos y los usos se hallan los siguientes:

Este artículo es el tercero presentado en la Internet dentro de una serie de cuatro. El primer artículo está dedicado a las lenguas tal como las presenta Lucas. El segundo, al igual que el primero, presenta lo que Pablo dice acerca de las lenguas. En este artículo me centro en 1 Corintios 14:13–40. El cuarto artículo resumirá lo analizado y se referirá más a cuestiones de tipo práctico.

La oración y el canto: 1 Corintios 14:13–19

Los versículos 13–19 tienen que ver con la oración y el canto:

13Por lo cual, el que habla en lengua extraña [lal?n gl?ss?i], pida en oración poder interpretarla. 14Porque si yo oro en lengua desconocida [gl?ss?i], mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 15¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. 16Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. 17Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.
     18Doy gracias a Dios que hablo en lenguas [gl?ssais lal?] más que todos vosotros; 19pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida [gl?ssei].

En los versículos 14 y 15, Pablo bosqueja un contraste entre orar y cantar con el espíritu y hacerlo con la mente. Usa las palabras espíritu y mente para decir algo importante acerca de la inteligibilidad. Cuando alguien ora y canta con el espíritu, expresa palabras (lenguas) sin usar la mente. Afirma que la mente de esa persona no produce fruto. En cambio, cuando la persona ora y canta con la mente, dice palabras que son inteligibles. El Espíritu está presente en ambos casos, influyendo tanto sobre el espíritu como sobre la mente.

Es tema de debate determinar si “mi espíritu” se refiere al espíritu humano, a un don del Espíritu, o al Espíritu Santo. Con una explicación que incluye las tres ideas anteriores, Barrett apoya el punto de vista según el cual “mi espíritu” es un don espiritual. Esto es lo que escribe: “Al lenguaje de Pablo le faltan claridad y precisión aquí, porque está comprimiendo en unas pocas palabras los pensamientos según los cuales (1) es el Espíritu Santo de Dios el que está obrando, inspirando al creyente a la adoración y la oración; (2) la obra del Espíritu se cristaliza en un don en especial; (3) nos otorga este don de una manera tan personal, que yo puedo hablar acerca de él, diciendo que es mío. En breve, que es mi espíritu, el cual, siendo lo que es, opera a través de unos canales psicológicos adecuados, con independencia de mi mente”.1

Es posible incluir las tres ideas, al mismo tiempo que se hace el mayor énfasis en el espíritu humano, pero se trata del espíritu humano con el poder que le otorga el Espíritu Santo, y expresando ese poder del Espíritu por medio de un don espiritual. Hay poca diferencia entre estos dos enfoques.

¿En qué tipos de oración y de canto está pensando Pablo? Una de las posibilidades es que se esté refiriendo a la oración y el canto en privado. En este caso, las interpretaciones son innecesarias cuando cantamos y oramos con el espíritu. No obstante, teniendo en cuenta el contexto (véase el v. 16), no es este el énfasis principal. Dentro del contexto, Pablo está describiendo en primer lugar lo que debería suceder dentro del marco de la congregación.

Pablo también se podría estar refiriendo a la oración y el canto de la persona sola en los cultos públicos. Como es obvio, puede orar y cantar con la mente sin haber orado y cantado antes con el espíritu. Además, Pablo puede orar y cantar con el Espíritu (en lenguas), y después interpretar las lenguas, utilizando el lenguaje que habla la congregación.

Otra de las cuestiones al respecto tiene que ver con la oración y el canto hechos al unísono. Personalmente, no creo que Pablo se esté refiriendo a estas prácticas. Aquí utiliza la forma de primera persona singular de los verbos: “Oraré” y “cantaré”. Por supuesto, esto no quiere decir que la Iglesia nunca orara o cantara al unísono.

Pablo menciona los “cánticos espirituales” en Efesios 5:18, 19 y Colosenses 3:16. En estos pasajes pueden estar incluidos unos cantos espontáneos expresados en la propia lengua de la persona, e incluso unos cantos preparados de antemano. Aunque la expresión “cánticos espirituales” podría tener aplicaciones más amplias en estos pasajes, con toda seguridad  incluye también los cánticos en lenguas. Como indican estos pasajes, los creyentes enseñaban y amonestaban a otros por medio de cánticos, entre ellos los que cantaban en una lengua conocida.

Cuando los integrantes de la congregación oran o cantan al unísono, todos tienen la oportunidad de entregarse a esta actividad. Así, cuando la congregación canta u ora con el espíritu, da la impresión de que no es necesario que haya una interpretación. Cuando cantan con la mente, todos cantan las mismas palabras. Cuando cantan al unísono, hacen oraciones individuales dentro de un marco colectivo.

Lenguas y profecía en la adoración y el testimonio: 1 Corintios 14:20–25

En 1 Corintios 14:20–25, Pablo se refiere a las lenguas y la profecía en la adoración y el testimonio, y dice al respecto:

20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. 21En la ley está escrito: En otras lenguas [heterogl?ssis] y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.

22Así que [h?ste], las lenguas [gl?ssai] son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. 23Si, pues [oun],  toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas [lal?sin gl?ssais], y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? 24Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 25lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.

Este pasaje tiene algunas contradicciones aparentes. Esas contradicciones han sido resueltas, pero la forma acostumbrada de resolverlas no es del todo satisfactoria. Quisiera proponer una explicación alterna.

La interpretación de costumbre consiste en decir que Pablo estaba usando una manera directa de hablar para presentar sus propios puntos de vista a lo largo de todo el pasaje. Según esto, estaría citando Isaías 28:11,12 en el versículo 21. Según este punto de vista, Israel no quería escuchar a los profetas. Por tanto, Dios lo había juzgado, entregándolo a hombres que hablaban otras lenguas. El Señor dice: “Y ni aun así me oirán” (v. 21).

Aquí, Pablo se refiere a las lenguas, y no al lenguaje asirio mencionado en Isaías 28:11. Dios no tenía la intención de que su manera de hablar fuera eficaz; al contrario, sus palabras endurecieron a Israel en sus pecados. Por tanto, Pablo llega a la conclusión de que las lenguas son una señal, no para los creyentes, sino para los no creyentes. Son una señal del juicio de Dios. No obstante, Pablo parece ir contra esta línea de pensamiento en el versículo 23. Cuando no hay creyentes entre los oyentes, estos van a decir que, cuando ellos hablan todos en lenguas, los que hablan están locos.

Según la manera acostumbrada de entender estas palabras, la profecía es una señal para los creyentes, pero no lo es para los no creyentes. La profecía es siempre una señal para los creyentes, pero Pablo señala después que las profecías que se dicen en la congregación causan convicción en los no creyentes. Esto parece poner en contradicción mutua a los versículos 22 y 24.

Tal como yo lo veo, 1 Corintios 14:20–25 es un ejemplo del uso que hace Pablo del diálogo. En el versículo 20, señala que los corintios deberían ser maduros en su manera de pensar. Han estado citando y aplicando de manera errónea un pasaje tomado de Isaías 28:11, 12. Aunque cita el pasaje de Isaías en el versículo 20, su cita no es exacta. Bajo el primer punto de vista, las otras lenguas del versículo 22 no son de la lengua asiria, sino unas lenguas desconocidas para los que las hablan. Los corintios habían llegado a partir del pasaje de Isaías a la conclusión de que las “otras lenguas” que se hablaban en Corinto eran una señal para los no creyentes (v. 22), pero Pablo rechaza esta interpretación del texto en el versículo 23. Cuando todos ellos hablaran en lenguas, los no creyentes iban a decir que la congregación se ha vuelto loca.

Como apoyo a la interpretación basada en la idea de un diálogo, podemos citar el uso que hace el apóstol Pablo de las conjunciones h?ste (v. 22) y oun (v. 23). Según Bauer, la palabra h?ste significa “por esta razón, por lo tanto, así que”.2 La Versión Reina Valera de 1960 traduce “así que”.3 Si asumimos que Pablo está citando a los corintios, tanto en el versículo 21 como en el 22, la conclusión a la que llega en el versículo 22 tendría que ver con el punto de vista de ellos presentado en el versículo 21.

Entonces, en el versículo 23, refuta su razonamiento con respecto a las lenguas sin interpretación. Este versículo comienza con las palabras ??ν ο?ν. Con respecto a la conjunción ο?ν, Bauer dice que su significado varía de acuerdo con el contexto. Él sostiene que puede tener el sentido de “por tanto”, “por consiguiente”, “según esto” o “entonces”. Además indica que ο?ν puede tomar un significado adversativo, en el sentido de “pero” o “no obstante”.4 Si usamos el primer sentido, el versículo 23 representaría la conclusión que saca Pablo del versículo 22. En cambio, en el sentido adversativo, en el versículo 23 Pablo estaría presentando un punto de vista que contrastaría con lo dicho anteriormente. El sentido adversativo cabe dentro del contexto. Pablo está refutando el versículo 22 en el versículo 23. En lugar de decir “así que”, está diciendo “no obstante, si”. Este versículo se aplica a las lenguas solas; no a las lenguas con interpretación.

Después de esto, Pablo habla sobre la profecía. Los corintios habían llegado a la conclusión errónea de que la profecía, aunque es una señal para los creyentes, no lo es para los no creyentes (v. 22). Ahora él refuta este razonamiento, señalando el impacto que causa la profecía en los no creyentes (vv. 24, 25). Ya anteriormente (v. 4) había dejado establecido lo importante que es la profecía para el creyente.

En breve, Pablo cita un argumento acerca de las lenguas y la profecía que presentan los corintios en los versículos 21 y 22, y refuta ese argumento en los versículos 23–25. Tanto si Pablo estaba expresando su propio punto de vista, como si expresaba el de los corintios en los versículos 21 y 22, sus conclusiones en los versículos 23–25 son las mismas. No obstante, si se ve este texto como un ejemplo de su método dialógico, todas las contradicciones quedan fácilmente resueltas.

Una participación edificante: 1 Corintios 14:26–33

En 1 Corintios 14:26–33, Pablo habla de la participación edificante en la adoración colectiva de la iglesia. En este punto describe cómo debe fluir esa adoración colectiva. Presenta el aspecto que tendría un culto que se caracterizara por la participación.

26¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua [gl?ssan], tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. 27 Si habla alguno en lengua extraña [gl?ss?i], sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. 28Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.

29Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. 31Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 32Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; 33pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.

En los primeros años de la Iglesia, cuando las personas llegaban al culto de adoración, venían preparadas para participar. Su participación podía ser espontánea (v. 30), pero da la impresión de que llegaban con el corazón preparado. Sin duda, gran parte del contenido era inspirado durante el culto. Esto sería cierto especialmente en cuanto a las lenguas y la interpretación. Aun así, es posible que muchos llegaran preparados con un salmo, una enseñanza o una revelación.

En los versículos 27 y 28, Pablo presenta algunas directrices con respecto a las lenguas y la interpretación. Un punto de vista sostiene que no debe haber más de dos o tres manifestaciones en lenguas antes de una interpretación. Otro punto de vista consiste en que no debe haber más de dos o tres manifestaciones en lenguas en un solo culto. A su vez, habría una interpretación que seguiría a cada una de estas manifestaciones.

La idea principal aquí es que debe haber una participación equilibrada. Había otros dones que se debían manifestar, además de las lenguas y la interpretación. La segunda manera de interpretar este texto parece ser la mejor. Las palabras “cuando os reunís” sugieren que en todos los cultos se deben limitar las lenguas y su interpretación a dos o tres solamente.

En el versículo 28, Pablo da por sentado que la persona que va a interpretar no es la que ha hablado en lenguas. Al parecer, él esperaba que aquel que hablaba en lenguas, y tal vez la congregación entera, supiera que había presente alguien que las pudiera interpretar. Una forma alternativa era que el que hablaba en lenguas podía orar (v. 13) para presentar por sí mismo la interpretación. Si el que hablaba no estaba preparado para interpretar, ni lo estaba ninguna otra persona, el que hablaba debía guardar silencio y hablar consigo mismo y con Dios. El que habla en lenguas las puede vocalizar de manera muy baja, para que los demás no lo escuchen. No obstante, también es posible estar totalmente callado y formar mentalmente el mensaje en lenguas. En cualquiera de estos dos casos, el que las habla debe comprender la intención de su corazón, aunque no va a comprender las palabras, ya las diga en silencio o las pronuncie de manera audible.

El apóstol también presenta directrices en cuanto a la profecía. Muchos creen que sólo dos o tres profetas deberían hablar en un culto dado. Este punto de vista permite que se juzgue cada una de las profecías, o que se juzgue después de dos o tres palabras proféticas. Otro punto de vista afirma que sólo dos o tres deben hablar, antes que los demás juzguen lo dicho.

Los “demás” deben juzgar. Esto podría significar que sólo aquellos que tienen el don de profecía deben juzgar, pero vemos que todos pueden llegar a profetizar. Además de esto, en el versículo 24 vemos a todos juzgando al no creyente. Juzgar significa aquí “sopesar cuidadosamente” el contenido de las profecías pronunciadas.

Mientras está hablando un profeta, puede surgir una “revelación” en otra persona. Aunque la palabra profecía es en realidad un término más amplio que el de revelación, son muchas las profecías que surgen de una revelación. Aquí, Pablo exhorta al primer profeta para que le ceda el habla al que acaba de recibir una revelación. Los que profetizan deben reconocer los dones de los demás.

En cuanto al versículo 32, un punto de vista consiste en pensar que cada profeta se debe someter a los demás profetas. Otros sostienen que cada profeta tiene el control de su propio espíritu. Según Fee, “la frase ‘espíritus de los profetas’ significa ‘el Espíritu profético’ por medio del cual cada uno de ellos habla a través de su propio espíritu”.5

Si tenemos en cuenta el énfasis que le da Pablo a la inspiración del Espíritu, veremos que este punto de vista es el mejor.

Decentemente y con orden: 1 Corintios 14:39,40

El apóstol Pablo termina su explicación acerca de las lenguas y los asuntos relacionados con ellas en 1 Corintios 14:39, 40.

Su conclusión es esta exhortación dirigida a los miembros de la iglesia de Corinto: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas [lalein gl?ssais]; pero hágase todo decentemente y con orden.”

Insiste en la necesidad de que haya orden. Así que el pastor tiene la responsabilidad de guiar las manifestaciones del Espíritu dentro de la iglesia local. No obstante, el que se hagan las cosas de una manera ordenada no significa eliminar las lenguas. Pablo exhorta diciendo: “No impidáis el hablar lenguas”.

Es evidente que las lenguas eran una parte valorada y vibrante de la vida espiritual en los primeros tiempos de la Iglesia. Nosotros podemos orar y cantar en lenguas en privado y, con interpretación, también en la iglesia. No nos debemos extrañar de que Pablo haya dicho: “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas” (1 Corintios 14:5).

CONCLUSIÓN

En 1 Corintios 14:13–40, Pablo continúa su presentación de las lenguas y la profecía en la iglesia local. Las lenguas son las expresiones inspiradas hechas por los creyentes.

El apóstol habla del papel que tienen las lenguas en la oración y el canto, la relación entre las lenguas y la profecía en la adoración y el testimonio, su valorada meta de lograr una participación edificante, y la necesidad de mantener el orden. Da unas directrices generales para que cada pastor, bajo el liderazgo del Espíritu, las pueda aplicar a su propia situación individual. Gracias a estas enseñanzas de Pablo, podemos exhortar al uso de las lenguas de maneras que sean edificantes para las personas, y para el cuerpo de Cristo.

En el próximo artículo, que es el final, resumiré las enseñanzas de Lucas y de Pablo con respecto a la esencia, los propósitos y el uso de las lenguas. Trataré con mayor profundidad los problemas de tipo práctico con los que se encuentran los pastores, que se pueden resolver todos dentro de las directrices señaladas en las Escrituras.

GEORGE M. FLATTERY, Ed.D., fundador de Network211 y Rector de Global University, en Springfield, Missouri.

NOTAS

1. C. K. Barrett, A Commentary on the First Epistle to the Corinthians. eds., Adam y Charles Black (Londres: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1971), p. 320.

2. Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, cuarta revisión revisada y ampliada, traducida al inglés por William F. Arndt y F. Wilbur Gingrich (Chicago: University of Chicago Press, 1952), p. 908.

3. Las citas de las Escrituras han sido tomadas de la Versión Reina–Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

4. Bauer, p. 597.

5. Gordon D. Fee, The First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1987), p. 696. (En español, “Primera epístola a los Corintios”, Eerdmans Pub. Co., 1994).

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