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El ministerio en las zonas rurales de Estados Unidos

¿Estarán condenados los pastores y las iglesias rurales a limitarse con sobrevivir lo mejor que puedan con lo que tienen; a sentirse satisfechos con su pequeñez y aceptarla?

Por CURTIS PRYOR

El Pastor Rob tuvo que batallar para mantenerse alerta durante el largo y aburrido viaje por carretera hasta su casa, después de la conferencia anual de pastores que se celebraba en la primavera. Mientras buscaba afanosamente alguna estación de radio a lo largo de un tramo desolado de la autopista, sus pensamientos lo torturaban. Se sentía genuinamente inspirado por las presentaciones que había escuchado en aquella reunión. Algunos de los expertos más famosos en crecimiento de la iglesia habían hablado con pasión y de una manera destacada. Sin embargo, la realidad de su ministerio en una iglesia rural interrumpía continuamente sus dulces fantasías sobre una iglesia de avanzada… cuyo líder era él, por supuesto.

En toda la nación son muchos los pastores que se enfrentan a una lucha similar. Esa lucha gira alrededor del anhelo de aceptar los métodos actuales para el crecimiento de las iglesias, aparentemente infalibles, y la realidad de su contexto rural que no siempre puede seguir el mismo paso de la sabiduría convencional con respecto al movimiento del crecimiento de las iglesias.

La mayor parte de los pastores rurales no buscan su ministerio con el fin de pasar inadvertidos y evitar el estrés del ministerio urbano. Al contrario; la mayoría oran pidiendo a Dios que los guíe. Los pastores rurales van donde Dios los lleva, y van con un corazón lleno de expectativas. El Pastor Rob representa a una multitud de pastores rurales de Estados Unidos, tanto hombres como mujeres, que anhelan ver una revitalización en medio de los fieles. Luchan a diario para ayudar a sus rebaños a vivir su fe dentro de su comunidad.

El Pastor Rob lo sabe; lo comprende. Él tiene un conocimiento claro de las cosas fundamentales: el evangelismo, el crecimiento de sus miembros y el discipulado de los nuevos creyentes. Trata de preparar a los cristianos para que continúen este proceso circular continuo, de manera que la Iglesia cumpla con su papel dentro del reino de Dios. Está seguro de la voluntad de Dios para la iglesia, ya sea rural, urbana o algo intermedio. Todo tiene que ver con la Gran Comisión, claramente proclamada por Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19, 20).

Él acepta con todas sus fuerzas la vital importancia que tiene el poder del Espíritu Santo para que la Iglesia esté preparada y pueda cumplir la misión que le ha encomendado Dios (Hechos 1:8). En otras palabras, este pastor, como tantos pastores rurales consagrados, posee una comprensión bíblicamente sólida con respecto al papel del cuerpo de Cristo en este mundo. Sabe qué debe hacer la Iglesia, y que el Espíritu Santo es la fuente de poder que hace que todo esto sea posible. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, el abismo entre “entenderlo” y hacerlo realmente le parece abrumador.

A lo largo y ancho de todas las zonas rurales de Estados Unidos, los pastores tienen un llamado y están dispuestos a llevar a cabo la obra. No obstante, los retos del ministerio rural en Estados Unidos tienen una cierta capacidad de hacer que se apodere de las iglesias una forma única de parálisis. Ante la Gran Comisión, los pastores rurales adquieren una sensación de urgencia que puede hacer que se queden “petrificados” por falta de tiempo, de obreros y del apoyo necesario para cumplir con esa misión. En este estado de parálisis, los pastores pueden sucumbir ante el desaliento, hasta el punto de pensar seriamente en renunciar a todo. Además de sentirse abrumados, es posible que se sientan carentes de las cualidades necesarias para realizar la amplia gama de tareas que exigen su atención. Afortunadamente, muchos pastores ganan esta batalla de la parálisis por medio de la oración y la paciencia.

Como la mayoría de los pastores, los pastores rurales leen libros, revistas, blogs y escritos de los medios sociales, para adquirir inspiración a fin de realizar la tarea que tienen por delante. Son inteligentes, y se dan cuenta de que en su mundo real de comunidades pequeñas y culturas únicas, la puesta en práctica no es una simple proposición de llegar, conectar y empezar. Hasta aquellos programas pensados de manera concreta para el ambiente rural no sirven de igual manera en todas partes. Su aplicación no es una tarea sencilla, porque el contexto rural es único, y cada una de las comunidades presenta su propio conjunto de desafíos.

¿Estarán condenados los pastores y las iglesias rurales a limitarse con sobrevivir lo mejor que puedan con lo que tienen; a sentirse satisfechos con su pequeñez y aceptarla? ¿O no será que necesitan cavar hasta encontrar una manera de poner en práctica los programas y los principios que encuentran en todos los libros y las conferencias, cueste lo que cueste? ¡Ninguna de las dos cosas! La manera de enfocar el ministerio en las zonas rurales de Estados Unidos es la utilización de un sentido común guiado por la oración, creativamente meditado y bíblicamente sólido. Los pastores y las iglesias de las zonas rurales no se deben contentar con el statu quo. El resonante mandato dado por Jesús de ir a hacer discípulos de todas las naciones es para toda su Iglesia, dondequiera que esté, cualesquiera que sean la población, la cultura y las circunstancias.

Los pastores rurales pueden recoger muchas ideas en medio de la gran abundancia de ideas de calidad que se hallan a su disposición sobre el crecimiento de las iglesias. Gran parte de su contenido es aplicable a la realidad, y no se debe echar a un lado sin más, con la actitud de que solamente las iglesias de las “grandes ciudades” pueden utilizar esa información. Por otra parte, los pastores rurales necesitan reconocer lo importante que es que ellos se sumerjan en la cultura de su comunidad, en medio de su gente, y de aquello que la motiva, y adapten su enfoque a la forma que tiene esa comunidad en particular.

Por ejemplo, una comunidad rural de granjas presenta un conjunto de retos totalmente distinto al de una comunidad–dormitorio rural, poblada por un gran número de personas que trabajan en la ciudad y viajan todos los días. Hay comunidades que se inclinan fuertemente al mormonismo, al catolicismo, o tal vez a una combinación de varias tradiciones religiosas prominentes. Otras tienen una mezcla de diversos grupos étnicos, mientras que algunas contienen un alto porcentaje de un solo grupo en particular.

La situación económica varía notablemente de una comunidad a otra. Los esfuerzos del ministerio rural se deben adaptar al ambiente para llegar a unos resultados positivos. Mientras más se identifique el pastor con su campo de misiones único, más se sentirá animado y decidido.

Los métodos y los programas específicos tienen un gran valor, pero el líder debe comenzar primero por enfrentarse a las cuestiones básicas que tienen que ver con el carácter y la motivación. Aunque virtudes como la paciencia, el compromiso y la adaptabilidad reflejan lo que se necesita en toda obra pastoral, cualquiera que sea su contexto, son especialmente pertinentes dentro del mundo distintivo y desafiante del ministerio rural en Estados Unidos. La mayoría de los pastores rurales carecen de la bendición de tener un personal numeroso o una gran abundancia de voluntarios preparados que los acompañen en su ministerio, sobre todo en los primeros tiempos de su pastorado. Los retos económicos también pueden hacer notablemente más lento su progreso.

Si el pastor rural no puede seguir la dirección de Dios en oración, con humildad y paciencia, todo acabará derrumbándose. Si el pastor no está dispuesto a consagrarse plenamente al campo misionero de esa comunidad, ¿para qué se va a quedar en ella? El pastor debe ser flexible, y capaz de adaptarse a los retos culturales, económicos y sociales dentro del contexto cultural.

Los rasgos de carácter que son indispensables en un pastor rural son la paciencia, el compromiso y la capacidad de adaptación.

Ore para pedir paciencia

Alguien ha dicho, un poco de broma: Es mejor que no ores para pedir paciencia. Pastor rural, puede estar seguro de que usted necesita orar para pedir paciencia. La paciencia es su mejor amiga, porque el ministerio rural se mueve a un paso propio suyo, generalmente lento, o más lento, con estallidos ocasionales de una actividad frenética que lo pueden dejar abrumado.

No permita que esto lo desaliente. El sentido común nos informa que en un ambiente en el cual el personal, los obreros y la economía presentan un reto significativo, el progreso va a tomar más tiempo. En un mundo que exige una satisfacción instantánea, esperar por los resultados de sus esfuerzos es algo que lo puede llevar a la desesperación… a menos que cultive la paciencia. Usted se arriesga a quedar paralizado si no adquiere el ritmo de orar, estudiar y escuchar continuamente. El progreso llegará. Puede estar seguro de que así será, si mantiene los ojos fijos en el premio, diseñando y poniendo en práctica pacientemente y junto con sus líderes, unos propósitos y un proceso bíblicamente sólidos que le sirvan como un guante a su ambiente local.

Uno de los aspectos más importantes en los que hace falta tener resistencia en el ministerio rural es el desarrollo de líderes y de obreros. Usted se va a sentir tentado a preparar simplemente  un plan y tratar por su propia cuenta de hacer que funcione. A corto plazo, tal vez le parezca más fácil hacerlo todo usted, porque nadie más estará dispuesto o reunirá las cualidades necesarias. Sin embargo, este enfoque está condenado a fracasar, porque usted terminará por sentirse agotado, deprimido e irritado.

La Iglesia realiza la obra de la Gran Comisión a base de trabajar toda junta en unidad. Es el cuerpo de Cristo, y Dios la ha diseñado de manera que opere cuando todos sus miembros se mueven en aquellos aspectos para los cuales están dotados. Al pastor rural le vendría bien apartar tiempo para la preparación de líderes y obreros en lugar de salir corriendo por delante de ellos, en la esperanza de que lo alcancen en algún momento y se unan a su causa. Hablando en un sentido práctico, el pastor rural es el que marca el paso, manifestando una sólida estrategia en el ministerio, para que la gente la observe y con el tiempo llegue a adoptarla. Desde un punto de vista bíblico, los pastores tienen la obligación de ser modelos de líderes–siervos, y guiar por medio del ejemplo.

Para desarrollar líderes y obreros se necesita una comunicación clara de un propósito y un proceso bíblicamente sólidos que la iglesia pueda llevar adelante. Esta fase de la preparación exige que el pastor escuche a las personas, con el  fin de asegurarse de que todos se mantienen unidos. Con toda seguridad, les llevará tiempo captar la visión. Si el pastor está dispuesto a ser paciente, la inversión de tiempo en el desarrollo de los líderes les proporcionará una maravillosa temporada de crecimiento a todos los involucrados en el proceso. Cuando escuche de manera deliberada a su gente, el pastor va a descubrir una valiosa información. Ellos conocen mejor que nadie la historia, los retos y las necesidades de su comunidad. Si los escucha pacientemente y aprende de ellos, tendrá una comprensión de inmenso valor que puede influir de manera poderosa en todas las estrategias que use en su ministerio.

Comprométase a largo plazo

Cuando siga el llamado de aceptar el pastoreo en una iglesia rural, no vaya, a menos que esté preparado para mantenerse allí hasta que Dios lo libere, aunque eso signifique quedarse en ese lugar durante el resto de su vida. La mayoría de los que conocen el tema estarían de acuerdo con este punto de vista. No obstante, una cosa es mantener una filosofía de aceptar un compromiso a largo plazo, y otra muy distinta es cuando se lleva a la realidad. Entonces verá si realmente estaba convencido de lo que entraña en la práctica esa filosofía.

Usted no podrá esperar una transformación en su iglesia ni en su comunidad, si no está dispuesto a verla hasta el final. Si en el fondo de su mente, usted lo que está haciendo es pensar en una ruta para salir huyendo, ¿cómo puede poner pasión, energía o unción en la tarea que tiene ante sí? El compromiso de estar presente hasta el final lo obliga a uno a mirarse en el espejo y preguntarse: “¿Eras realmente sincero cuando dijiste que te ibas a quedar aquí hasta que Dios te moviera? ¿Estás dispuesto a hacer los sacrificios que sean necesarios para amar y servir a esta gente con todo el corazón?”

El compromiso a largo plazo no quiere decir que el pastor se limita a establecerse en el lugar y seguir la corriente hasta que todo se acabe. Comprometerse a estar allí significa estar dispuesto a remangarse la camisa, saltar a la trinchera y hacer la obra de Efesios 4:11–16: preparar al rebaño para que sirva en el Reino, en sociedad con el Espíritu Santo para ver los maduros y unidos en su llamado como miembros del cuerpo de Cristo.

Por definición, el compromiso de todo pastor exige que la enseñanza y la predicación adquieran para él una prioridad total y absoluta. Un compromiso paralelo al que el pastor rural se debe dedicar es un plan de discipulado bien pensado y deliberado, usando de manera creativa cuantos medios tengan mayor sentido en la comunidad de esa iglesia. Aquí es donde entra en acción el sentido común. La iglesia rural no tiene ninguna necesidad forzosa de imitar los programas de las iglesias urbanas para lograr un discipulado transformador. Los grupos pequeños tienen sentido, pero su puesta en acción puede tener un aspecto totalmente distinto al de los grupos pequeños de la ciudad. Lo importante es que se haga discipulado, porque esto es lo esencial para el crecimiento y la salud de la iglesia. Siga los ejemplos de Jesús y de la iglesia primitiva, aplicando esos patrones bíblicos al ambiente en el cual se mueve.

Por supuesto que el pastor rural puede ser el líder de una iglesia que cumpla con la Gran Comisión, pero esta situación no se va a materializar de la noche a la mañana. Exige un compromiso a largo plazo, sencillamente porque se necesita tiempo para ver cómo todas las piezas empiezan a encajar entre sí. La persistencia, la oración y la decisión de llegar al final van a producir una cosecha de vidas transformadas para el tiempo y para la eternidad.

Haga sus ejercicios de estiramiento

La flexibilidad es favorable en el ámbito físico. Los atletas aprenden que el estiramiento y el acondicionamiento del cuerpo los protegen de las lesiones, y los capacitan para actuar mejor en el campo de juego. Si descuidan esos elementos de su entrenamiento, lo pueden pagar con una lesión, o con una actuación de menos calidad.

¿Por qué es tan importante la adaptabilidad para el pastor rural? Porque cada comunidad es única en cuanto a su cultura, su composición étnica, su economía y su clima religioso. Además de las medidas de tipo demográfico, cada comunidad tiene su propia personalidad, su historial y su nivel de receptividad ante el Evangelio. Por tanto, el pastor y la iglesia local tendrán un éxito mayor si adaptan el enfoque de su trabajo a las circunstancias de la comunidad.

¿Qué entusiasma a su comunidad? ¿Son los deportes de la escuela secundaria, los campamentos al aire libre, la pesca, la observación de las aves, o una familia prominente que tiene influencia sobre todo en el pueblo? ¿Cuál es el clima espiritual? Tal vez su comunidad sienta apatía hacia Dios en general. Dedique un tiempo a observar a la comunidad a un nivel más profundo. Esto significa que deberá pasar tiempo en los lugares donde la gente se reúne. Después de esto, ore sobre la forma de adaptar su estrategia personal y la estrategia de su iglesia de tal manera que puedan causar un impacto más eficaz en su zona. En medio del proceso de adaptar su enfoque, tenga siempre el cuidado de no poner en peligro el mensaje de Jesucristo.

CURTIS PRYOR, pastor principal, Powerhouse Christian Fellowship, American Falls, Idaho.

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