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La naturaleza encarnada de los dones

Por David Lim

Dos puntos de vista muy diferentes revelan los malentendidos que generalmente hay acerca de la naturaleza de los dones del Espíritu. Algunos definen los dones principalmente como habilidades naturales, mientras que otros los definen como totalmente sobrenaturales. El primer punto de vista define los dones como talentos naturales dedicados al Señor. Se considera que los artistas, los médicos, y los músicos que así dedican sus talentos están ejercitando dones espirituales y que en el primer siglo hubo milagros sólo porque la Biblia aún no había sido completada. Los proponentes de este punto de vista piensan que debido al desarrollo de la ciencia moderna, particularmente en medicina, ya no hay necesidad de dones, tales como el don de sanidades. Otros usan una lista que sirve para hacer una evaluación personal y así determinar los dones que uno tiene. Esta es una clase de examen de preferencia vocacional espiritualizada que tiene como fin ayudar a las personas a descubrir sus dones. Aunque este punto de vista ayuda a las personas a encontrar ministerios en la iglesia, a veces minimiza el aspecto sobrenatural de los dones espirituales.

Un segundo punto de vista caracteriza los dones como totalmente sobrenaturales, negando cualquier facultad humana. Los que tienen este punto de vista arguyen que cualquier cosa concerniente a lo físico o carnal de una persona es malo. Por tanto, cuando Dios habla por medio de una persona, elude la mente de ella y simplemente usa su lengua. Se considera en gran estima los dones más espectaculares de sanidades, milagros, profecía, lenguas, e interpretación.

Si los dones fueran totalmente sobrenaturales, entonces serían infalibles. Pero la Palabra de Dios nos dice que examinemos cada don en la luz de edificación, exhortación, consuelo, y la Biblia misma. Donald Gee afirma: “Un punto de vista de los dones del Espíritu contenido en un eslogan de que son ‘cien por ciento milagrosos’ ha obtenido considerable aceptación en algunos círculos. Se nos dice que no hay ‘en ellos ningún elemento de lo natural’. Esta es una expresión perdonable, de entusiasmo, por hacer valer la verdad de que hay un elemento sobrenatural en los dones espirituales, y podemos respetar la declaración como tal. Pero no es una declaración aceptable para cubrir todo lo concerniente a los dones. Necesitamos un punto de vista más equilibrado. Si no lo logramos, estaremos perpetuando los extremos que han nublado el testimonio pentecostal desde su inicio. En efecto, en ello hay considerable peligro.”1

Como implica Gee, no es bíblico aceptar ninguno de estos extremos. Para la guerra espiritual hay que tener armas sobrenaturales. Sin embargo, Dios sí habla por medio de personas; Él no niega o elude lo que somos. Desde el Huerto del Edén hasta ahora, el deseo de Dios ha sido tener comunión con su creación humana, de comunicarse con los seres humanos, para desarrollarlos en todo sentido para que lo sirvan. Si Dios quisiera obrar sin nosotros, pudiera usar ángeles.

De suma importancia para comprender los dones es el conocimiento de que lo opuesto a espiritual no es lo físico, sino lo pecaminoso y carnal. Muchas veces hemos buscado negar todo lo que hay dentro de nosotros porque somos pecadores. No nos damos cuenta de que Dios nos ha redimido y que Él quiere perfeccionar la imagen de Cristo en nosotros. ¡Dios nos usa! Debido a que algunos han considerado los dones como totalmente sobrenaturales, han enfatizado los dones más espectaculares en perjuicio de los menos espectaculares. Así como no hay que igualar lo físico con lo carnal, tampoco se debe igualar lo espiritual con lo espectacular.

Ahora bien, si los dones no son ni completamente naturales ni completamente sobrenaturales, ¿cuál es su naturaleza? Los dones se inician cuando lo sobrenatural (todo lo de Dios) se encuentra con lo natural (todo lo del hombre). Los dones son de naturaleza encarnada.

Por ejemplo, Cristo fue encarnado. Él era todo Dios, pero también todo humano. Él era Dios en la carne, sin embargo una persona. Él no era esquizofrénico; parte del tiempo Dios y parte del tiempo humano.

Otra ilustración de la encarnación, la unión de Dios y hombre, es la Biblia; tanto un libro divino como un libro humano. Los hombres lo escribieron con su vocabulario, su formación cultural, su forma de expresarse, y sus situaciones históricas. Pero la Biblia es el libro de Dios, inspirado verbalmente a los autores humanos. Es exacto y autoritativo. Es una revelación objetiva de la verdad de Dios.

Aunque la iglesia y el individuo de ninguna manera están a la altura de Jesucristo y la Biblia, la iglesia fue divinamente instituida, establecida por Cristo. No obstante, ¡todos los que trabajan con la iglesia saben cuán humana es! Así, también, el misterio oculto por todas las edades es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Cuando nos rendimos a todo lo que Dios tiene para nosotros, podemos compartir dones. Él nos ayuda a hacer por su reino lo que no podemos hacer por nosotros mismos. J. Rodman Williams dice que la presencia del carismata “realza las capacidades y funciones naturales”.2

Por consiguiente, Dios toca todas nuestras habilidades y nuestro potencial con poder sobrenatural. Todas las habilidades impartidas por el Espíritu para ministrar y satisfacer las necesidades de la iglesia se derivan de la fortaleza de los dones del Espíritu.

Aunque W. J. Conybeare clasifica las dones como “lo extraordinario y lo ordinario”, ¿por qué hacer esa división? Es claramente arbitrario.3

Se puede decir que para un observador algunos dones son más espectaculares que otros, algunos son más espontáneos, algunos dependen más de inspiración instantánea, o de poder, y aún otros parecen ser bendiciones añadidas a habilidades naturales. En términos generales, los dones de 1 Corintios 12:8–10 aparentan ser más espectaculares y espontáneos que aquellos mencionados en Romanos 12:6–9. No obstante, tanto Romanos 12 como 1 Corintios 12 usan la misma palabra básica por dones, carismata, lo cual indica que son de la misma naturaleza. Aunque Ralph Riggs denominó a la lista de 1 Corintios 12 como “la lista oficial” y la lista de dones en Romanos 12 como “suplementaria”, él también consideraba la última como “asimismo dones del Espíritu”.4

En vez de decir que algunos dones son naturales y otros sobrenaturales, tal vez es mejor concentrarse en el ejercicio de los dones, poniendo tal ejercicio en orden continuo de lo “natural” a lo “sobrenatural”. Cuando es ejercitado con efectividad, el don se mueve hacia lo sobrenatural; se observa menos habilidad humana, y se hacen más evidentes las obras de Dios.

Algunos de los dones pasan inmediatamente a la clasificación de sobrenatural. Pero otros dones, por ejemplo una palabra de sabiduría o una palabra de conocimiento, no aparecen tan sobrenaturales. No obstante, pueden producir un cambio tan poderoso como el don de milagros.

Hoy no se manifiestan tanto los dones porque no reconocemos la naturaleza de los dones espirituales y su importancia en la iglesia. Se ha considerado los dones como una opción en el ministerio. Se los ha relegado a cristianos súper-espirituales y, como en el Antiguo Testamento, a líderes dotados con poder carismático. La influencia de la iglesia del Nuevo Testamento no estaba en su liderazgo sino en la vitalidad y los dones de ministerio de cada creyente. Melvin Hodges dice: “El ejercicio de los dones espirituales no se debe considerar como algo separado del ejercicio normal del Cuerpo de Cristo sino como parte del desarrollo espiritual normal de cada miembro en la vida del Espíritu.”5

Gordon Atter agrega: “Tenemos la manifestación del Espíritu… para hacer la obra tan efectivamente como debiéramos hacerla.”6 Williams dice: “Hay una comprensión de una nueva sensación apremiante entre Dios y el hombre. Las señales ‘extrañas’—tales como profecía, sanidades, milagros, exorcismo, hablar en lenguas, discernimiento de espíritus—sólo son extraños siempre que no haya habido una interpenetración de lo divino y lo humano, lo sobrenatural y lo natural. Cuando esto ocurre… entonces lo que es extraño a la existencia ordinaria llega a ser (sin perder su maravilla) parte de la vida y las actividades comunes de la comunidad.”7

El ejercicio de un don no se debe igualar con santidad, madurez, o fidelidad. Estos factores ayudan en el ministerio de los dones pero no son requisitos. Como todos los creyentes deben ejercitar dones, la manifestación de dones no es indicativa de cierto rendimiento espiritual. Las manifestaciones espirituales se deben juzgar contra la clara revelación bíblica. Dios da el don: Él debe ser glorificado. Conforme cada miembro ejercita un don, él mismo madura, hay interacción entre creyentes, y el cuerpo de Cristo es edificado.

Hemos puesto los dones en un plano tan alto, espectacular, y perfecto que la mayoría de creyentes temen que pueden estar operando “en la carne” o que son indignos de expresarlos. Irónicamente, al mismo tiempo, porque pocos en la iglesia ejercitan los dones, los que lo hacen pueden desarrollar un sentido de orgullo espiritual. Y otros pueden buscar cierto don porque así serán admirados.

Cuando Dios nos toca, sin embargo, debemos comprender que no somos más que pecadores salvos por gracia. J. Oswald Sanders dice que el fruto del Espíritu es la evidencia de espiritualidad. Porque al examinar la naturaleza de los dones del Espíritu, él encuentra que “en su mayor parte son dones de servicio. Ni uno de ellos tiene que ver directamente con el carácter. Son el equipamiento por parte de Dios para servicio efectivo.”8

Howard Courtney, escribiendo desde el punto de vista de la iglesia cuadrangular, dice: “Esperar perfección absoluta en todo tiempo en cualquier don que opera por medio de hombres falibles o por medio de instrumentos humanos es abrirse a la posibilidad de una sorpresa desagradable.”9

En realidad, la iglesia de Corinto hace tiempo debe habernos sacado de la errada noción de que la perfección era un criterio para la operación de los dones. Pablo dijo que aún eran niños en Cristo y carnales. Al mismo tiempo, no les dijo que dejaran de usar los dones; más bien les enseñó cómo debían usarlos. Un cuerpo saludable necesita de ejercicio para crecer. Una iglesia tiene que ejercitar dones espirituales para madurar y desarrollar la santidad y el fruto que Cristo espera ver.

Sin embargo, después de haber dicho que los dones no son una señal de rendimiento espiritual, un enfoque de encarnación de los dones propone que el instrumento humano desempeña una parte importante en la comunicación de los dones. Expresamos los dones cuando Dios nos toca. Somos parte del mensaje. Cuando se expresa un don, nuestro carácter, nuestra vida, nuestra fe, nuestro vocabulario, nuestra sinceridad, nuestros problemas, y nuestros éxitos en la vida inmediatamente llegan a ser parte de lo que otros ven y oyen.10 Cuando se trata de la parte humana en el ejercicio de una palabra de conocimiento, Maynard James dice: “Este don es otorgado únicamente por el Espíritu Santo y nunca puede ser obtenido por poderes naturales del hombre. Esto no significa que el Señor ignora la oración y el estudio bíblico diligente cuando otorga una palabra de conocimiento. En efecto, se verá que el creyente por medio del cual se expresa este conocimiento sobrenatural generalmente es devoto y disciplinado.”11

Pero, ¿no son los dones más espectaculares de sanidades y milagros totalmente sobrenaturales? ¿En qué forma son de naturaleza encarnada? Primero, la credibilidad del milagro y el mensaje que acompaña al milagro dependen del mensajero mismo. Un predicador cuyas prácticas financieras, vida familiar, o moralidad son cuestionables será inefectivo y puede causar más daño que bien al reino de Dios. En la congregación local una persona que no se relaciona bien con su propia familia o que tiene hostilidad hacia otros limitará su ministerio, principalmente debido a la forma en que otros la vean. Si nuestra vida coincide con el mensaje, ese mensaje es recibido más fácilmente.

Además del aspecto de credibilidad, se ha pasado por alto un aspecto significativo de los dones: la iglesia a menudo es el instrumento mediante el cual el Espíritu Santo efectúa sanidad. ¿Qué pudiera suceder si las congregaciones realmente aprendieran a “[gozarse] con los que se gozan” y “[llorar] con los que lloran” (Romanos 12:15)? Los cristianos verían las necesidades y el sufrimiento de otros como sus propias necesidades y sufrimientos. Se sentirían motivados a orar fervientemente y de corazón. Ellos expresarían su amor y su apoyo. Hay toda una categoría de sanidades que pueden ocurrir sólo en el contexto de la amorosa y compasiva familia cristiana.

Más que nunca antes vemos en nuestro mundo problemas emocionales, fracasos matrimonios, abuso de drogas y alcohol, abuso de niños, y familias destrozadas. La vida a menudo sorprende a las personas cuando sus defensas son bajas y cuando no tienen verdadero apoyo. La única solución es la amorosa y compasiva familia de Dios.

La sanidad puede fluir por medio de la iglesia. Durante todo el culto de adoración, los hermanos que se interesan por otros pueden orar por aquellos alrededor de ellos, y ser sensibles a lo que Dios está diciendo, para llegar a ser un canal de las bendiciones de Dios. En una iglesia así, pueden producirse muchos milagros, aun antes del llamado al altar. Durante la semana podemos hacer lo mismo. Podemos llegar a ser las manos extendidas de Dios a personas necesitadas.

Dios ha dispuesto que los dones sean ministrados por medio de instrumentos humanos. La expresión más profunda viene cuando la iglesia conoce y responde a la persona que expresa el don, en fortaleza o en debilidad. Una persona de afuera puede administrar dones a una congregación local, pero la profunda comunión e interacción nos ayuda a apreciarnos más unos a otros y también a ser más receptivos a los dones. Nuestro deber es aprender a ministrar para que otros reciban nuestro ministerio con agradecimiento y máximo beneficio.

En resumen, hay cuatro puntos de vistas sobre la naturaleza de los dones.

Primero, los dones son habilidades naturales dedicadas al Señor. Segundo, Dios totalmente anula las facultades humanas. La persona es sólo un secretario, o un vaso vacío, que expresa el mensaje palabra por palabra, como si fuera un dictado. Tercero, algunos creen que la santidad y la espiritualidad determinan la otorgación de Dios de los dones. Mayor santidad significa más dones. Los cristianos débiles e inmaduros no tiene ni porqué pedirlos. El cuarto punto de vista es el de encarnación. Dios usa completamente al instrumento: su mente, sus pensamientos, sus experiencias, y su presente situación. El instrumento mismo es parte de ese mensaje, por tanto su vida y su forma de expresar el don son partes vitales de lo que edifica a otros. Las claves son sensibilidad al Espíritu y unos a otros, y sensibilidad a expresar el don en el debido tiempo. Los dones son herramientas para el ministerio. Por medio del fruto del Espíritu manifestamos esas herramientas efectivamente. W.I. Evans exhorta: “La necesidad de los pentecostales no es principalmente pedir a Dios los dones. Los dones están aquí. Nuestra necesidad es buscar a Dios y acercarnos a Dios en fe viva para que los dones que están dormidos, suficientes para avivar al mundo, pronto se ejerciten.”12

La iglesia será tan pertinente como la gente que la compone, y cambiará conforme sus integrantes crezcan y maduren en Cristo. En vez de que el ministerio se haga principalmente por el clero profesional, todo el cuerpo de Cristo participará.

DAVID LIM, D. Min., se ha dedicado a educación teológica en Canadá y las Filipinas. Al presente es pastor de la Asamblea de Dios Grace en Singapur.

Notas

  1. Donald Gee, Spiritual Gifts in the Work of the Ministry Today [Dones espirituales en la obra de ministerio hoy] (Springfield, Mo.: Gospel Publishing House, 1963), 10.
  2. J. Rodman Williams, The Era of the Spirit [La era del Espíritu] (Plainfield, N.J.: Logos International, 1971), 58. Véase también, R.E. McAlister, The Manifestations of the Spirit [Las manifestaciones del Espíritu] (Toronto: Gospel Publishing House, n.d.), 20,34; Samuel Chadwick, The Way to Pentecost [Camino al pentecostés] (Berne, Indiana: Light and Hope Publications, 1937), 108; J Oswald Sanders, The Holy Spirit and His Gifts [El Espíritu Santo y sus dones] (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1964), 26.
  3. Estos poderes milagrosos ni aun se mencionan por los escritores apostólicos como una clase aparte… pero se unen en la misma clasificación con otros dones, que acostumbramos determinar como habilidades o ‘talentos’ naturales… Es deseable que hagamos una división entre las dos clases de dones, los extraordinarios y los ordinarios; aunque esta división no fue hecha por los apóstoles al tiempo cuando ambas clases de ejercicio ordinario [mi énfasis]” W.J. Conybeare y J.S. Howson, The Life and Epistles of St. Paul [La vida y las epístolas de San Pablo] (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1949), 334,335.
  4. Ralph M. Riggs, The Spirit Himself [El Espíritu mismo] (Springfield, Mo.: Gospel Publishing House, 1962), 115,116.
  5. Hodges, Spiritual Gifts [Dones espirituales], 26.
  6. Gordon F. Atter, Rivers of Blessing [Ríos de bendición] (Toronto: Full Gospel Publishing House, 1960), 86,87.
  7. Williams, The Era of the Spirit, 57.
  8. Sanders, The Holy Spirit and His Gifts, 110.
  9. Howard P. Courtney, The Vocal Gifts of the Spirit [Los dones vocales del Espíritu] (Los Angeles: B.N. Robertson Co., 1956), 28. Véase también. R.B. Chanman. “The Purpose and Value of Spiritual Gifts” [“El propósito y valor de los dones espirituales”], Paraclete (Otoño 1963): 24–28.
  10. Melvin L. Hodges, “Operations, Ministries and Gifts” [“Operaciones, ministerios y dones”], Paraclete 7, nro. 2 (Primavera 1973): 21: “Hay también aspectos de responsabilidad humana. Nuestra consagración a Dios, la manera en que usamos lo que Él nos da, nuestra fe y dedicación a su causa desempeñan un papel importante en abrir caminos para que los dones se manifiesten.”
  11. Maynard James, I Believe in the Holy Spirit [Creo en el Espíritu Santo] (Minneapolis: Betania Fellowship, 1966), 103.
  12. W.I. Evans, This River Must Flow [Este río debe fluir] (Springfield, Mo.: Gospel Publishing House, 1964), 70.

Un extracto de Spiritual Gifts: A Fresh Look, una publicación de 1991 del Gospel Publishing House, Springfield, Missouri. Usado con permiso.

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